Masturbación No Es Una Mala Palabra

La masturbación es una actividad sexual sana y normal. Es una de las maneras en que empezamos a conocer nuestro cuerpo, nuestros genitales y su respuesta frente a los estímulos. Es el camino para empezar a conectarnos con el placer y no hay nada de malo en ello.

Toda significación peyorativa o negativa no le pertenece a la actividad en sí, sino que surge de una construcción social y cultural que todavía censura y reprime la sexualidad y sus manifestaciones.

La masturbación, es decir, la auto estimulación de los genitales, es una actividad sexual que permite explorar y conocer el cuerpo y sus sensaciones. A veces se realiza con el fin de descargar tensiones y otras sólo por la búsqueda de placer. Pero… ¿Qué pasa cuando la nombramos o hablamos de la masturbación o de temas sexuales en general?

Para empezar, observamos cierta dificultad para utilizar un lenguaje correcto que no sea grosero, infantil ni vulgar. Luego, confundimos y la consideramos una mala palabra cuando no lo es. Los bebés y los niños se masturban. Acarician sus genitales o los rozan contra la ropa u objetos y esto los relaja y genera júbilo y satisfacción. Son los adultos que lo observan quienes se espantan, se asustan y tienden a reprimir esa actividad. “¡No te toques! ¡Eso está mal! ¡Es chancho y sucio!”, son algunas de las expresiones que suelen utilizar los adultos cuando “descubren” a un niño/a acariciándose.

¿Por qué darle un significado negativo a una actividad que sólo consiste en acariciar el propio cuerpo? ¿Si nos acariciamos la cara, los brazos, la cabeza, también está mal? Si bien son los padres quienes deben transmitir normas y valores a sus hijos, en este caso sería mejor, antes que reprimirlos, explicarles que la masturbación es un acto normal y privado que se debe realizar en la intimidad y no frente a otras persona.

El sentimiento de culpa que despierta la actividad masturbatoria surge de la actitud que toman los adultos y de sus expresiones basadas en los valores sociales y culturales que han aprendido. Masturbarse no deforma los genitales, ni saca pelos en las manos, ni es un acto perverso. No hace daño. Los seres humanos forjamos nuestra identidad y nuestra sexualidad desde la niñez y lo que aprendemos y/o “mal aprendemos” en esa etapa, nos acompañará el resto de nuestras vidas.

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